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Opinión - 05.12.2019

Aniversario deslucido

Las discrepancias marcan el 70º aniversario de la OTAN

Las grandes diferencias de criterio entre los aliados han marcado la cumbre extraordinaria de la OTAN, celebrada en el Reino Unido para conmemorar el 70º aniversario de la fundación de la Alianza Atlántica. Una escenificación que muestra la desorientación política en una organización que resultó clave para la defensa de Europa durante la Guerra Fría, pero que desde el hundimiento de la Unión Soviética en 1991 sigue buscando su redefinición tanto sobre su objetivo general como en cuanto al papel y aportación de cada uno de los Estados miembros.

El choque entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el de Francia, Emmanuel Macron —producido en los días previos al encuentro y en un cara a cara entre ambos en Londres—, es tal vez el máximo exponente de esta división. El mandatario francés opinó que la OTAN estaba “en muerte cerebral”, símil seguramente exagerado —la Alianza no solo sigue plenamente operativa, sino que se encarga de la defensa activa de los países bálticos— pero que expresa la necesidad de buscar una redefinición para una estructura política y militar necesaria pero cuestionada desde diversos frentes en este primer tramo del siglo XXI. Cuestionada en primer lugar por el propio Trump, quien tanto como candidato a presidente y más tarde como inquilino de la Casa Blanca no ha dudado en calificar a la OTAN como “obsoleta”. Sin embargo, ahora al mandatario de EE UU, las palabras de su homólogo francés le parecen un “insulto” a los socios de la Alianza. Lejos de retractarse, Macron se ha reafirmado.

Trump siempre ha dado muestras de considerar la OTAN más en términos económicos y de influencia de EE UU que estratégicos en cuanto a la defensa de Europa y su papel —si debe haberlo— global. De hecho, la principal crítica del presidente de EE UU es que de los 29 Estados miembros, hay 20 —entre ellos España— que no cumplen con el compromiso de gastar al menos el 2% de su PIB en Defensa. Es cierto que este umbral de gasto fue aprobado por todos los socios, pero también es verdad que un compromiso presupuestario de ese calibre llevaría un enorme esfuerzo tanto financiero como social en las democracias que deben implementarlo. Y esto es muy difícil de hacer mientras la OTAN se encuentre inmersa en una discusión abierta sobre su propia esencia.

Las diferencias también han aflorado en cuanto a lo que sucede en otros escenarios globales donde hay miembros de la OTAN implicados. La amenaza turca a vetar un comunicado final si los demás socios no aceptaban su exigencia de calificar a las milicias kurdas del YPG como grupo terrorista finalmente no ha cristalizado, pero la simple posibilidad del veto muestra también la nula concepción de conjunto que tiene el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Turquía está combatiendo a grupos kurdos que han resultado decisivos en la victoria contra el ISIS y a los que Trump dejó desamparados al ordenar la retirada de los efectivos de EE UU en la guerra siria.

El comunicado final identifica al menos dos amenazas potenciales: el comportamiento agresivo de Rusia y el desarrollo militar chino. Queda aún lo más importante: una estrategia política común para hacerles frente.

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