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Opinión - 08.12.2019

Qué tipo de Brexit

Cualquier modo de retirada del Reino Unido es negativo para los europeos, pues perderán un socio de peso

Los británicos se juegan muchas cosas en las elecciones del próximo día 12: su modelo económico y social, el mantenimiento o erosión de su cohesión política territorial, y su lugar en el mundo, sobre todo en lo tocante a su futura relación con la Unión Europea (UE). Los europeos se verán también muy afectados por un motivo único: en esta convocatoria se aclarará, muy probablemente de forma definitiva, el tipo de retirada del reino insular de la UE, esto es, qué Brexit se impondrá, y en el límite, si lo habrá o no. Cualquier modo de retirada es negativo para los europeos, pues perderán un socio de peso; pero no por igual negativo. Los detalles pueden hacerlo digerible, áspero o dramático.

Tres escenarios son en teoría posibles. Desde la perspectiva europea y europeísta, el más deseable es la victoria de los partidarios de permanecer en la Unión. Es también el más improbable, porque solo lo apoya con claridad el tercer partido, el liberal-demócrata, que además ha desarrollado una campaña asténica y que a diferencia de los dos grandes no ha sabido acompañarla de un mensaje socioeconómico.

Detrás se sitúa el horizonte de un Brexit muy suave, por el cual el Reino Unido se mantiene, por ejemplo, inserto permanentemente en la unión aduanera. Es la propuesta laborista, acompañada de un segundo referéndum en el que el hoy primer partido de la oposición se mantendría, ambiguo, en una sorprendente “neutralidad”. Su líder, Jeremy Corbyn, ha defendido al tiempo un programa socioeconómico radical que comprende tanto acertadas orientaciones de un mayor gasto social como costosas nacionalizaciones de escasa eficiencia según las lecciones de la historia, que le han enajenado buena parte del voto centrista. Pese a lo cual ha recuperado en las encuestas la mitad del abismo que le separaba de los conservadores, al hilo de promesas de reforma social como un nuevo impulso a la sanidad pública, más creíble que el prometido por el partido del Gobierno.

El peor escenario es por desgracia el más probable a tenor de los pronósticos de opinión: la clara ventaja del Brexit duro auspiciado por el populista Boris Johnson al mando de los conservadores, que ha absorbido las antiguas simpatías a los ultras de Nigel Farage. Lo peor de su propuesta no radica solo en el eventual pacto ya alcanzado para la retirada, sino en los negros auspicios sembrados sobre la relación futura del Reino Unido con la UE. La xenofobia que implica acusar a la libre circulación de personas del último atentado terrorista (cometido por un ciudadano local, sin relación alguna con Europa) y la sugerencia de que Londres dispensará ayudas de Estado distorsionadoras de la competencia y establecerá una competencia fiscal desleal ultraliberal al estilo de Singapur, constituyen pésimos augurios.

 

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