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Opinión - 15.08.2019

Plenos poderes

El ímpetu de Salvini es enorme, pero no basta en un sistema constitucional como el italiano

Matteo Salvini ha pedido para sí mismo, literalmente, algo que no existe en el sistema constitucional italiano: plenos poderes. Es uno de sus numerosos guiños mussolinianos, esas frases sueltas calcadas a las que pronunció el Duce, con las que demuestra su querencia por el gobierno del hombre fuerte. Tocan a su fin los 12 meses de una extraña coalición entre populismos de distinto signo, el de la Liga ultraderechista y el del antipolítico Movimiento 5 Estrellas. El vicepresidente y ministro del Interior quiere echar al primer ministro Giuseppe Conte y ocupar su despacho, prescindiendo de sus socios de coalición. Su fórmula es insólita, aunque perfectamente populista por su apelación a las urnas para la obtención de esos plenos poderes que tanto necesita: después de censurar a su propio primer ministro, se trata de convocar unas elecciones en las que la Liga se convierta al fin en la primera fuerza y él en el jefe del Gobierno.

Su ímpetu es enorme, pero no basta en un sistema constitucional como el italiano. La iniciativa ya ha provocado, de entrada, una alianza espontánea entre el Partido Democrático y M5S en el Senado que le ha impedido materializar inmediatamente la crisis de gobierno. Deberá esperar al día 20, a la comparecencia de Conte en el Senado. Tampoco triunfará en su improvisada maniobra para culminar antes de unas elecciones precipitadas la reforma pendiente que reduce el número de escaños en las Cámaras. Ni podrá desatender al papel del presidente de la República, el verdadero poseedor de la llave maestra de la convocatoria anticipada. E incluso su discurso contra la inmigración fue desautorizado ayer por un tribunal administrativo, que levantó la prohibición de entrada a aguas territoriales italianas impuesta al buque español Open Arms, que se dirigió a Lampedusa.

Al final, todo dependerá de la capacidad de las izquierdas para unirse frente a unas derechas siempre soldadas en torno al poder. Si Salvini puede contar con la Forza Italia de Berlusconi y con los ultras Hermanos de Italia, no está claro que el Partido Democrático y M5S puedan frenar o posponer su maniobra. La inestabilidad italiana tiene ahora su origen en las ambiciones de quien quiere estabilidad, pero bajo su puño de hierro. Son peligrosos los móviles a los que recurre: aprovechar la bonanza en las encuestas, a pesar de que está de baja la inmigración marítima hacia Italia, su principal cartel de demagogia electoral; eludir tiempos muertos para la reorganización de la izquierda, y llegar al presupuesto para 2020 con una mayoría que permita desafiar los criterios de déficit europeos. Los plenos poderes significan una mayoría suficiente para desafiar a Bruselas y poner en jaque a la Unión, tal como le aconseja Steve Bannon, habitual turista político en la Italia del populismo salvinista.

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