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Opinión - 21.04.2020

O entrenas o tiras los penaltis

Encarnar el sistema y agitarlo a la vez puede parecer complicado, pero hay mandatarios que lo consiguen

O eres el entrenador o tiras los penaltis, pero ambas cosas a la vez no pueden ser salvo en contadísimas excepciones como cuando el equipo atraviesa una situación institucional desesperada. No parece ser ese el caso de Estados Unidos y sin embargo Donald Trump ha decidido serlo todo a la vez. Es lo que sucede cuando uno piensa que los asuntos generales se pueden llevar con el mismo estilo que los particulares. Y que uno vive solo, claro.

El presidente, que encarna a la máxima figura institucional del país, ha llamado a la población a rebelarse contra el confinamiento defendido y decretado por algunos gobernadores Obvia que ellos también forman parte del andamio institucional del mismo país y han sido elegidos tan democráticamente como él. El sentido común –y hasta las leyes de la física— indica que no se puede estar a la vez a ambos lados de la barricada, aunque en la nueva política esto debe ser un detalle sin importancia. Un día Trump alza el escudo de presidente, con su águila calva y sus rayos, para reclamar su legitimidad en el mando y 48 horas después se parapeta tras la pantalla del móvil para llamar a la desobediencia civil. Si la situación no fuera trágica recordaría a la comedías de Eddie Murphy en las que este encarna varios papeles. Claro que el actor se caracteriza, mientras Trump ni cambia de traje. Sería interesante conocer si durante su larga trayectoria empresarial el actual presidente de EEUU también llamada a sus empleados a la huelga como si fuera el delegado sindical. Todo es posible.

Pero siempre hay alguien que es capaz de una voltereta más. Y en la pista aparece el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien pasa del móvil a la calle. Tras fulminar a su ministro de Sanidad por defender el confinamiento –la única medida demostrada hasta el momento capaz de frenar el contagio cuando no se ha hecho nada antes como es el caso, entre otros, de Brasil–, Bolsonaro se plantó en una manifestación a su favor como si la letalidad de la pandemia fuera un tema de discusión. Desde luego el mandatario se está convirtiendo en el alumno más aplicado del relativismo absoluto y está en la buena senda del absolutismo relativo.

Uno de los problemas que tiene ascender contra el sistema, pero siguiendo las reglas del sistema, es que cuando se llega a la cúspide la cabeza está hecha un lío. De modo que cuando el árbitro pita penalti, el entrenador salta del banquillo y corre a lanzarlo. Aunque sea a favor del equipo contrario.

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