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Opinión - 04.12.2019

Noticias del otro lado del mundo

Si en la COP25 no se da una respuesta fuerte a la destrucción de la Amazonia, sería mejor que ni hubieran salido de casa

Resistir es un verbo relacionado con la potencia. Pero no siempre la realidad es esa. He comprendido en la última década que hay que aprender a hacer lo —mucho— más difícil: luchar incluso sabiendo que vamos a perder. Es duro —y poco popular— decir esto al inicio de la COP25, cuando la esperanza de conseguir avanzar hacia un acuerdo global se renueva y las calles las ocupan quienes quieren un mundo mejor. Sin embargo, le tengo poco apego a la esperanza. O se manipula como una mercancía, como hacen igual la derecha y la izquierda, o se confunde con esperar. Si no puede ser ahora, será después. Ya no se puede esperar. No es un juicio moral, sino una constatación a partir de hechos. Les tengo mucho apego a los hechos. Y a la verdad. Por eso, quiero decir, muy claramente, que en mi lado del mundo estamos perdiendo. A una velocidad asombrosa.

Suelo decir que, en un planeta en estado de emergencia climática, la Amazonia es el centro del mundo. En Brasil, acabamos de iniciar un movimiento global con este concepto. No es retórica, es un hecho comprobado. También está comprobado que el principal objetivo del Gobierno de extrema derecha de Brasil, un país que alberga el 60% de la mayor selva tropical del planeta, es explotar las áreas protegidas de la Amazonia. Eso ya sucede. Y rápido.

¿Cómo? Por un lado, el Gobierno intenta aprobar cambios en la Constitución. Pero eso tarda demasiado —todavía queda algo de democracia en Brasil, aunque cada vez menos—. Lo que funciona es algo más fácil y de efecto inmediato. Como el Estado es quien protege las áreas protegidas, el Gobierno simplemente las desprotege, dejando de hacer su trabajo. Jair Bolsonaro y sus cómplices atacan a los inspectores de los órganos de protección en sus discursos públicos y dejan claro que los avances sobre la selva no se castigarán. Por eso, la Amazonia ardió y la deforestación se disparó. Está casi todo dominado. ¿Quiénes son “casi”? Son los pueblos de la selva que todavía resisten, protegiéndola literalmente con sus cuerpos. Son las ONG que fortalecen a estos pueblos. Hace unos días, el Estado avanzó más hacia el autoritarismo, arrestando a ambientalistas e invadiendo una de las ONG más respetadas de la Amazonia. Algunos líderes empiezan a capitular. Solos y desprotegidos, tienen que escoger entre dejar que la selva muera o morir ellos mismos. Algunos escogen su propia supervivencia. ¿Cómo culparlos?

Quiero decir que, si en la COP25 no se da una respuesta fuerte a la destrucción de la Amazonia, con sanciones efectivas al Gobierno brasileño y medidas inmediatas para fortalecer a los defensores de la selva, sería mejor que ni hubieran salido de casa.

Traducción de Meritxell Almarza

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