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Opinión - 06.12.2019

Farsa argelina

Es admirable la persistencia de la sociedad, movilizada en demanda de una refundación de la República que signifique la reconquista de las libertades políticas

Por tercera vez este año los argelinos han sido convocados a las urnas para elegir al presidente de la República, en concreto el 12 de diciembre. Fue anulada la primera convocatoria, el 12 de abril, al iniciarse una ola de manifestaciones contra el habitual amaño electoral preparado para elegir por quinta vez a Abdelaziz Buteflika, de 82 años y 20 en el poder, a pesar de su pésimo estado de salud y de su incapacidad para comunicarse, resultado de un ictus sufrido en 2013, antes ya de la cuarta reelección. Lo mismo sucedió con la segunda convocatoria, para el 4 de julio, en este caso por falta de candidatos que accedieran a participar en unos comicios organizados por quien detenta el poder fáctico del país, el general Ahmed Gaid Salah.

Es admirable la persistencia de la sociedad argelina, movilizada en demanda de una refundación de la República que signifique la reconquista de las libertades políticas y del pluralismo secuestrados desde la independencia, cuando tomó el poder una casta político-militar que todavía no lo ha soltado. Dura ya 10 meses el combate entre el Hirak —palabra que significa movimiento en árabe—, que reúne todos los viernes a millares de argelinos de todas las edades bajo una reivindicación pacífica y democrática, y Le Pouvoir —la expresión en francés con la que se reconoce a la élite que controla los resortes económicos, militares e institucionales del país—.

La maniobra de Gaid Salah es una repetición escenográfica de una falsa democracia que aparenta poseer todos los elementos necesarios para unas elecciones libres pero no cuenta con ninguno. Ha sido barrida la camarilla presidencial que rodeaba a Buteflika, incluyendo el encarcelamiento de destacados familiares y personalidades próximas al anciano, pero Gaid Salah lo ha compensado con una brutal acometida contra periodistas, políticos disidentes, manifestantes y dirigentes del Hirak.

Son cinco los candidatos a las elecciones, dos ex primeros ministros de Buteflika, dos exministros y un exdirigente del Frente de Liberación Nacional, el antiguo partido único, todos ellos surgidos del Estado profundo que manda en Argelia. Cumplen en sus campañas con el guion de la farsa escrito por Le Pouvoir, movilizado para intentar llevar a la gente a los mítines y salvar las apariencias, pero el Hirak persiste exitosamente en su denuncia y en el boicoteo a las elecciones.

A pesar de la fuerza del Hirak, la transición ni siquiera ha empezado. Habrá que ver si el resultado de la elección presidencial proporciona la oportunidad al candidato vencedor de emprender la tarea de apertura democrática y de diálogo entre la ciudadanía movilizada y los detentadores del poder que el general Salah no ha sido capaz ni siquiera de iniciar y Argelia se dirige al fin a un proceso constituyente que abra las puertas a la democracia.

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