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Opinión - 08.12.2019

Nos han cateado

Lo que irrita es que haya que esperar a los resultados del informe PISA para que hablemos más de lo que está pasando

España siempre se ha llevado regular con la educación. Tome usted una tertulia política al azar y observará que mientras los contertulios se mueven como peces en el agua en su hábitat natural, el de las conjeturas politiqueriles, todo va sobre ruedas. A mí, que conozco a los analistas más que a mis hijos, porque siempre adivino por dónde van a salir, me sigue asombrando el conocimiento que muestran de lo que se susurra en despachos, pasillos y whatsapps. Da la impresión de que políticos y cronistas beben juntos. O algo más. Pero, ay, su brillantez patina cuando abarcan otros universos. El día en que por mandato del informe PISA sobre el nivel escolar hay que abordar el sistema educativo da la misma impresión que cuando nos preguntaban en historia sobre Fernando VII y escribíamos sobre la Constitución de Cádiz, a ver si colaba. Año arriba año abajo, qué más da.

La cuestión es que sabemos poco. Diría que porque, en general, no prestamos la atención que debiéramos a un asunto capital que articula la igualdad social, la justicia y la movilidad de clases. Nos encontramos ahora con que los resultados en ciencias de la Comunidad de Madrid, donde los recortes, la segregación y algunas medidas de mera palabrería propagandística, como someter asignaturas a un bilingüismo para el que no están preparados ni los docentes ni los alumnos, se desploman; nos encontramos con que el nivel de los alumnos ha caído escandalosamente, y para justificarlo, el consejero de Educación nos habla de pruebas mal diseñadas que contagian en sus malos resultados a las otras. No acabo de entenderlo. Entiendo, sí, que si esto hubiera ocurrido en Andalucía habría habido una especie de consenso de aceptación, pero Madrid, que se ha ido salvando del suspenso milagrosamente a pesar de la creciente desigualdad social, está en shock.

Lo que irrita es que haya que esperar a esos resultados del informe para que hablemos más de lo que está pasando. Basta con visitar colegios públicos que, ubicándose incluso en el mismo barrio, no cuentan con los mismos recursos, o bien precisan que esos recursos sean reforzados porque tienen necesidades especiales. Hay muchos centros públicos en donde reina la interinidad, escasean los profesores de refuerzo, y se ha impuesto un bilingüismo que puede llevar a los críos a ser ignorantes en dos idiomas. También se diserta sobre la preparación del profesorado. Efectivamente, un maestro o una profesora se enfrentan hoy a desafíos en mi opinión de enorme envergadura, y también los padres y las madres pueden sentirse perdidos. Hace unos años afirmábamos que un profesor no tenía por qué ejercer de asistente social o de psicólogo, pero hoy está comprobado que es preciso que exista una conexión estrecha entre las características socioculturales de un barrio y cómo aborda un claustro la enseñanza. Los colegios que han entendido que es más provechoso trabajar integrados en la comunidad obtienen mejores resultados.

Sospecho que los políticos a los que se les llena la boca con la palabra excelencia o bien provienen de clases privilegiadas o bien desconocen nuestro presente. Si la escuela deja de ser el motor del ascensor social estaremos reforzando el clasismo; si el bachillerato deja de ser la mayor fuente de cultura de nuestra vida educativa estaremos rebajando el nivel de todo un país. Hablemos de ello, sí, pero todos los días, y preguntando a quien sabe.

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