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Opinión - 09.01.2020

Mapa de riesgos y oportunidades

¿No suele decirse que la fortuna sonríe a los audaces?

Los acontecimientos que concitan gran atención mediática suelen provocar la sobreactuación de sus protagonistas. Máxime si se trata de un debate de investidura y se está ante una situación inédita, como es la primera coalición de Gobierno y la primera vez que un partido a la izquierda del PSOE entra en el ejecutivo. Pero cabe esperar que, cuando los focos reduzcan su intensidad, los distintos intérpretes se recoloquen de acuerdo a sus respectivas estrategias, muchas de las cuales están por desvelar y dibujan un mapa en el que cada riesgo político va acompañado de una oportunidad.

La primera incógnita a despejar es la actitud del Partido Popular. A la hora de recomponer la derecha, los populares se enfrentan a una decisión estratégica: ocupar un amplio espacio conservador que a su vez les permita pactar cuestiones transversales, o hacer seguidismo de Vox, la fuerza nueva disfrazada de antisistema capaz de recoger el descontento de los sectores más reaccionarios. La demoscopia alerta ya de cuán peligrosa puede ser esta segunda opción para los populares. Por el contrario, un PP nítidamente diferenciado de la ultraderecha, tendría la oportunidad de asentar bases de convivencia democrática en asuntos básicos como la violencia machista, la transición ecológica, etc., ampliando a la vez su espacio electoral.

La segunda incertidumbre está dentro del acuerdo de Gobierno. La dinámica del primer ejecutivo de coalición llega repleta de incógnitas. Los riesgos fueron desgranados minuciosamente por Pedro Sánchez cuando justificaba, entre junio y septiembre, su negativa a gobernar con Unidas Podemos. Alegaba entonces el peligro de que se formen dos Gobiernos en uno, la desconfianza entre los respectivos líderes, los desencuentros programáticos en asuntos clave como la política internacional, el comercio exterior o lo financiero, entre otros aspectos. Para conjurar estos riesgos, ahora será preciso articular un sistema que permita gestionar las discrepancias que surjan en la gestión de lo pactado. Son estos dispositivos de seguridad, y no la relación personal entre los líderes, los que pueden garantizar la coherencia y estabilidad de un Gobierno compartido, como ocurre en otros países de nuestro entorno. Las oportunidades que este escenario abre para cada socio no son menores: para UP supondría demostrar la viabilidad e idoneidad de sus propuestas, y al PSOE le permitiría desarrollar un programa socialdemócrata del siglo XXI.

El tercer capítulo de riesgos, el más obvio, tiene que ver con el conflicto en y con Cataluña. La creación de un espacio de diálogo bilateral genera fricciones tanto dentro del PSOE como en su relación con otros grupos, de la misma manera que puede situar a ERC en una posición complicada ante futuras elecciones autonómicas. Ello se compensa con las oportunidades que se pueden abrir para avanzar en un conflicto enquistado crucial para la convivencia tanto en Cataluña como en el resto de España.

Este mapa de grandes riesgos, trazado en el debate de investidura, dibuja un panorama complejo pero también esperanzador. ¿No suele decirse que la fortuna sonríe a los audaces?

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