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Opinión - 12.01.2020

Juicio a los abusos

El movimiento MeToo ha calado en sociedades donde la dignidad de la mitad de la población es menoscabada por la otra mitad

El inicio del juicio contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein es una victoria del Me Too, el movimiento feminista impulsado desde las entrañas de Hollywood que ha tenido un impacto global. Casi un centenar de mujeres, entre ellas actrices de primera fila, han denunciado públicamente el acoso y las agresiones sexuales cometidas por el magnate estadounidense, aunque en el juicio que acaba de comenzar en Nueva York solo se dictaminará sobre dos casos: el de una ayudante de producción que acusa a Weinstein de un abuso cometido en 2006 y el de otra mujer que denuncia haber sido víctima de violación en 2013. El resto de los testimonios que detallan el comportamiento vejatorio de quien ha sido considerado un depredador sexual quedan sepultados bajo el manto de la prescripción.

Uno de los efectos fundamentales del caso Weinstein ha sido su capacidad para que millones de mujeres de todo el mundo levanten la voz frente a las agresiones de carácter sexual, el acoso, el hostigamiento callejero y la humillación. El Me Too ha calado en sociedades donde la dignidad de la mitad de la población es menoscabada por la otra mitad. Como si de una reacción en cadena se tratara, las mujeres de la India, México, Egipto o Chile han perdido el miedo y ya no se resignan. Aunque a veces tengan que pagarlo con su vida, como le ocurrió a una joven india de 23 años, a la que un grupo de cinco hombres prendió fuego a finales de año cuando iba a comparecer ante un tribunal para declarar sobre la violación que había sufrido.

En sus versiones locales, el Me Too ha contribuido a derribar los muros de silencio que emanan de la desigualdad social y el desequilibrado reparto del poder entre hombres y mujeres, sobre todo en aquellos países con evidentes signos de déficit democrático. Pese a que queda todavía mucho camino por recorrer, la oleada de movilizaciones feministas demuestra que el tiempo de la resignación, el acatamiento y el encubrimiento ha pasado.

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