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Opinión - 4 semanas ago

Esquerra rompe con la ilegalidad

Esto es lo más importante que ha sucedido en el escenario político catalán desde otoño de 2017

Obras son amores y no buenas razones. Esquerra Republicana (ERC) rompió estentóreamente el lunes con el unilateralismo y la ilegalidad.

Quebró así cualquier idea residual del independentismo como bloque, como un todo monolítico, totalizante, en cualquier circunstancia y de por sí evidente. Aunque puedan suscitarse coyundas temporales y alianzas de ocasión que alarguen la agonía de un Govern desfallecido.

Esto es lo más importante que ha sucedido en el escenario político catalán en los dos años largos transcurridos desde el vuelco de la legalidad de otoño de 2017. Y además, entraña efectos para la estabilidad política del conjunto de España.

La validación por la Mesa del Parlament y de su presidente, Roger Torrent (de ERC), de la decisión judicial que daba luz verde a la desposesión al president Quim Torra de su acta de diputado es políticamente clave.

Lo es incluso aunque vino envuelta en un espeso celofán de críticas sobreactuadas a la justicia por el “secuestro” de los derechos al aún president. El caso es que Torra no pudo incumplir el lunes la ley —no votó, no la quebrantó— porque su socio gubernamental se lo impidió.

Y ERC se lo impidió contra la voluntad expresa de su propio president; pese a su amenaza de acortar la legislatura; pese a los gritos de “traidores” de unas cuantas decenas de sospechosos habituales embozados que alborotaban frente a las puertas de la Cámara. Y participando luego en cuatro votaciones, en sentido contrario a sus socios de Gobierno, que desaparecieron defendiendo la ocupación ilegal por Torra del escaño del que fue desposeído.

Distingamos entre los ecos y las voces de ERC: sus palabras son exaltadas; su historia, zigzagueante, anárquica e incoherente; sus últimos hechos, meridianos.

Es al menos la sexta vez que su plante legalista sucede en dos años, y aunque se haya producido algún episodio contradictorio (véase la reciente decisión del Tribunal Constitucional porque Torrent tramitó unas resoluciones desafectas) en el respeto a la legalidad, la línea de conducta es clara:

1. Empezó el 30 de enero de 2018 cuando Torrent desechó, por ilegal, la propuesta posconvergente de elegirpresident, vía telemática, a Carles Puigdemont.

2. ERC corrió la lista de escaños cuando el juez Llarena vetó (23-3-18) el acceso al escaño a sus procesados por rebelión (luego condenados por sedición): mientras Junts per Catalunya mantuvo simbólicamente a Puigdemont y a Toni Comín, hasta que acaban de lograr el puesto de eurodiputados.

3. ERC facilitó, vía abstención, investir a Pedro Sánchez (25-7-19). Junts, no.

4. Los republicanos, a diferencia de dirigentes de Junts, no llamaron a lo que luego fueron graves altercados pos-sentencia del procés del 14 de octubre.

5. ERC escogió otra vez la vía política en vez de la insubordinación en noviembre y diciembre, cuando pactó con el PSOE una mesa de diálogo sobre la cuestión catalana y luego votó en consecuencia la investidura de Sánchez el 7 de enero. Junts, no.

¿Evaluamos solo palabras? ¿O hechos?

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