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Opinión - 10.09.2019

España, con Draghi

La sintonía del Banco de España con la estrategia del BCE que salvó al euro de la catástrofe es la que se necesita para ahuyentar una recesión

Nada ha mejorado para la economía de la eurozona desde que el BCE anunció en junio un paquete de expansión monetaria que contrarreste los crecientes síntomas de desaceleración. Al revés. La inflación de julio bajó del 1,03% al 1%, menos de la mitad que en el mismo mes del año anterior (2,2%); Alemania entró en crecimiento negativo y las guerras comerciales de Donald Trump, con sus vaivenes, golpes bruscos y pausas, se han afianzado. Si entonces había razones para políticas que segasen la hierba a una posible recesión con deflación —“no nos gusta lo que vemos” en el aplanamiento de precios, advirtió el presidente del BCE, Mario Draghi— hoy son aún más sólidas. Y las respuestas a esta situación deben concretarse en medidas inmediatas (reducciones de tipos, compras de activos…) este mismo jueves.

Por eso es oportunista la actitud del jefe del Bundesbank, el halcón Jens Weidmann, quien ha cuestionado “si son necesarias”, justo cuando se ha decidido ya que a Draghi le sustituirá la paloma continuista Christine Lagarde. Y después de haber apoyado —cuando él mismo estaba en campaña para el puesto— las medidas expansivas cuyo alumbramiento había tratado antes de boicotear. Suponen una incoherencia del todo indecente.

Por eso también hay que aplaudir la reacción profesional (y no anclada en el victimismo personal) de su colega finlandés, quien también fuera candidato al puesto de Draghi. Olli Rehn ha apoyado públicamente compras de activos “sustanciales y suficientes”, dentro de un paquete “significativo e impactante”, en el que será mejor “excederse” que quedarse corto.

En una línea similar, el apoyo más elaborado ha sido el del Banco de España, cuyo gobernador, Pablo Hernández de Cos, ha sido el primero en definirse con tanto detalle académico ante unas decisiones determinantes de política monetaria. En su conferencia de La Granda defendió “la permanencia de tipos de interés bajos, o incluso negativos”, recordando que sus efectos positivos de aumento de la actividad económica y mejora de la calidad crediticia “compensan los efectos adversos”. Calculó los beneficios de la política expansiva desde 2014 en dos puntos acumulados del PIB. Y apoyó la llamada de Draghi de más política presupuestaria en estudios del Banco de España que calculan en un 10% las perturbaciones económicas resueltas en EE UU por el presupuesto federal.

La sintonía del Banco de España con la estrategia del BCE que salvó al euro de la catástrofe es destacable en sí misma, porque es la que ahora mismo se necesita para ahuyentar una recesión. También porque muestra una influencia creciente en la gobernanza del BCE, y porque obedece a un planteamiento claro de recuperar la presencia de este país en las grandes instituciones monetarias.

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