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Opinión - 20.02.2020

Cráneo de Plinio, quijada de esclavo

Plinio el Viejo fue un innovador en la Roma de Nerón, y a la larga más influyente que el propio emperador

Raro sería monasterio medieval que no tuviera en su biblioteca una copia de la Naturalis Historia de Plinio el Viejo (23-79), tal vez la primera enciclopedia de todos los tiempos. Plinio el Viejo solo era viejo en comparación con su sobrino, Plinio el Joven, porque dos milenios después esas diferencias de edad impresionan más bien poco y, a diferencia del sobrino, el tío Plinio fue un innovador en la Roma de Nerón, no quizá tan torpedero como el propio Nerón, pero más influyente a la larga, como demuestra su impacto milenario en la agricultura.

Nadie sabe quién descubrió la rotación de cultivos. Hay pueblos centroafricanos que practican una tradición milenaria con ciclos de 36 años entre un tipo de cultivo y otro. Pero el capítulo de la Naturalis Historia de Plinio el Viejo dedicado al tema ha estimulado su aplicación durante siglos. Un ejemplo es la alternancia de cereales, que gastan nitratos del suelo, con legumbres, que lo aportan al suelo gracias a las bacterias simbióticas (Rhizobium) que llevan en sus raíces, pero hay esquemas mucho más complejos con milenios de antigüedad. La obra de Plinio el Viejo pretendía recoger todo el saber de su tiempo sobre “la naturaleza de las cosas, es decir, la vida”. Cosmología, astronomía, geografía histórica, zoología, botánica, nada le era ajeno al primer enciclopedista de occidente, el Diderot y D’Alembert de la Roma clásica. Otra cosa eran las fuentes que usaba, que rara vez se sostenían en pie, así que su estrella empezó a declinar en el Renacimiento y acabó de extinguirse a principios del siglo XVIII.

Con todo, Plinio no murió como naturalista, sino como el almirante que era de la flota del emperador Tito. En el año 79, en plena erupción del Vesubio, estaba listo para zarpar de Misenum hacia Pompeya, en dirección a la nube volcánica, por mero interés científico, cuando recibió una carta de una mujer llamada Rectina, que estaba atrapada bajo la erupción horrenda, y el almirante se lanzó a una misión de rescate de la que no saldría vivo. Intentaron disuadirle, pero él pronunció una de sus famosas frases —“La suerte favorece a los valientes”— y avanzó hacia una muerte segura. Murió asfixiado en una de las catástrofes más célebres de la historia registrada.

Aprendo en The New York Times que un grupo de historiadores y antropólogos ha presentado las conclusiones de una investigación morfológica y genética sobre el supuesto cráneo de Plinio, que se expone desde hace 70 años en el Museo Storico Nazionalle Dell’Arte Sanitaria, en Roma. Los expertos concluyen que el cráneo es compatible con una persona de 56 años criada en el norte de Italia, como Plinio lo fue, pero que la mandíbula pertenece a un norteafricano de 30 años. El jefe de la investigación conjetura que era su esclavo, a quien Plinio le habría pedido matarle para acortar su asfixiante agonía volcánica. De ser así, es obvio que el esclavo no sobrevivió mucho tiempo a su dueño, pues sus huesos se encontraron juntos cerca de Pompeya. De Rectina no hay rastro. ¿Quién sería esa mujer cuya propuesta Plinio no pudo rechazar?

Sobre el cráneo de Plinio, solo podemos asegurar que su mandíbula no es de Plinio. Como dijo él mismo, “Lo único cierto es que nada lo es”.

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