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Internacional/Mundo - 14.03.2019

La alternativa china al Boeing 737 MAX

Pekín empezará a comercializar en 2021 su primer avión de pasajeros para romper el duopolio del constructor estadounidense y Airbus

Boeing se le caen dos aviones en cinco meses por más que probables fallos técnicos, el mundo deja en tierra su flamante modelo 737 MAX y peligran las más de 5.000 unidades encargadas. Costará que el constructor estadounidense remonte el vuelo en una industria que prioriza la credibilidad. Es presumible que su crisis beneficie a su competidor europeo, Airbus, y que despeje alguna nube del emergente constructor nacional chino, COMAC, que prevé iniciar sus vuelos comerciales en 2021 y ha encontrado un entusiasmo comprador limitado.

Ningún Gobierno suspendió antes los vuelos de Boeing que Pekín. Algunos han visto razones espurias. “Tenemos que recordar que China tiene un nuevo competidor del 737 MAX y es el COMAC C919, que está a punto de venderse. Creo que eso está en las mentes chinas y es la razón por la que fueron los primeros en dejar en tierra los aviones”, dijo Gordon Chang, autor del libro ‘El inminente colapso de China’, en el canal estadounidense Fox.

El título del libro y la ultranacionalista cadena ya aconsejan la distancia. Es evidente que la dificultad del más potente competidor en un mercado tan cerrado ayuda al resto pero sugerir que Pekín busca el rédito en una tragedia nos devuelve esos prejuicios que ven en los chinos el compendio de toda la vileza humana. Es más verosímil que a Pekín le movieran sus desvelos por la seguridad que acredita un historial sin accidentes aéreos graves en casi dos décadas.

Compañía estatal Comac

El C919 de Comac, la compañía estatal con base en Shanghái, peleará con el Boeing 737 y el Airbus A320 en el segmento de medio y largo radio. Tiene un pasillo único, capacidad para 168 pasajeros y una autonomía de vuelo de 5.555 kilómetros. Está diseñado y fabricado íntegramente en China y representa el bastión de la aeronáutica nacional.

Este es uno de los diez sectores señalados por el presidente Xi Jinping en su plan “Made in China 2025” que pretende alcanzar ese año la autosuficiencia tecnológica. En 2017, con tres años de retraso sobre el plan inicial, realizó su vuelo inaugural. Planea otros tres para este año, cuando tendrá listos seis prototipos. Ese ritmo lento para los estándares del sector evidencia las dificultades de fabricar un avión para los recién llegados. Ha acumulado cambios de estrategia y diseño para adecuarlo a las normativas de seguridad internacionales, escasez de personal experto y unos retrasos en la llegada de componentes extranjeros que han obligado a crear un departamento con la sola función de acelerar los trámites burocráticos.

Viabilidad asegurada

La viabilidad del proyecto está asegurada con la demanda del boyante mercado chino. Sus aerolíneas están detrás del grueso de las 815 unidades ya encargadas. Sólo un puñado de pequeñas compañías de países pobres y con fuerte dependencia de China han mostrado su interés. A favor del C919 juega su precio de 50 millones de dólares, casi la mitad que sus competidores, pero tendrá que mejorar aún su eficiencia energética, un factor clave para las aerolíneas en un mercado cada vez más competitivo y que busca la máxima reducción de costes. COMAC pretende que el próximo año los reguladores chinos le den luz verde. También Europa se comprometió en abril a empezar el proceso de certificación. La colaboración estrecha entre el fabricante y las agencias de seguridad europeas y estadounidenses previene contra las sorpresas.  

China ingresará pronto en ese elitista club de países que cuenta con aviones de pasajeros propio junto a Estados Unidos, Rusia, Brasil, Canadá, Reino Unido, Francia y Alemania. Es un viejo anhelo chino que sólo el desarrollo tecnológico de los últimos años ha permitido. Bo Xilai, exministro de Comercio y hoy uno de los presos chinos más célebres, urgió más de una década atrás a trascender el papel de fábrica global: “Necesitamos vender 800 millones de camisetas para comprar un Boeing”, se lamentó. Xi aclaró en 2014 que carecer de aviones significaba“estar a merced de otros”.

Los aviones chinos pueden levantar hoy suspicacias, pero pocos imaginaban años atrás un mundo con teléfonos móviles o trenes de alta velocidad chinos. La historia contemporánea es una pertinaz derrota de los escépticos de China. Los expertos dan por sentado que COMAC romperá pronto el duopolio Boeing-Airbus.

Uno de cada cuatro aviones que exporta Boeing llega a China. La compañía de Chicago pronostica que el gigante asiático demandará 7.700 aviones nuevos en las dos próximas décadas por un valor aproximado de 1,2 billones de dólares. Es comprensible que China, con o sin accidentes ajenos, luche para evitar que otros se coman su pastel.

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