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Internacional/Mundo - 10.07.2019

Emanuela Orlandi, lo que esconde el Vaticano

Las autoridades ordenan abrir este jueves una tumba en el interior de la Santa Sede en busca de los restos de la joven de 15 años desaparecida en 1983

«Buscad donde indica el ángel». Y exactamente allí buscarán este jueves. Estarán presentes los albañiles, los fiscales vaticanos, los gendarmes del Papa, los servicios secretos del Estado Pontificio, peritos y abogados de las partes. El lugar es un pequeño cementerio germanófilo situado en el interior del Vaticano y las manos del ángel de mármol sostienen un cartel con un escrito «Descanse en paz», indicando hacia sus pies.

Será la tercera vez, que se sepa, que se abre una tumba para buscar los restos de Emanuela Orlandi. Tenía 15 años cuando desapareció a bordo de un coche con un falso cura y con una compañera de escuela, en pleno centro de Roma. Oficialmente, aunque de escondidas de sus familias, iban a aprender cómo funcionaba la venta puerta a puerta de productos de belleza para ganarse un dinero Era el 22 de junio de 1983 y ella salía, con su flauta de través, de una escuela de música situada a pocos metros de Piazza Navona. Emanuela era hija de María y Ettore, un funcionario del Vaticano, con pasaporte del Estado Pontificio.

Este jueves abrirán no una sino dos tumbas del siglo XIX, porque el escrito anónimo, enviado a la familia el pasado año, indica el lugar pero no especifica bien a cuál de las dos se refiere. Lo que el anónimo afirma saber seguro es que de vez en cuando «monseñores y laicos se acercan a la tumba y despositan flores frescas».

En los 36 años transcurridos de la desaparición, se han revelado más pistas para explicar el secuestro de Emanuela que todas las novelas de Dan Brown juntas. Pietro Orlandi, hermano de la desaparecida, ha mantenido viva durante estos años la esperanza y el deseo de justicia, con vigilioas, manifestaciones, marchas, libros, declaraciones y entrevistas. Para Pietro, el escrito anónimo indicando el ángel significa una cosa:»Que en el Vaticano existen personas informadas sobre la posibilidad de que los restos de mi hermana puedan estar escondidos allí».

 Laura Sgrò, abogada de la familia Orlandi, está más que satisfecha porque es la primera vez que «el Vaticano colabora». La circunstancia no es extraña, ya que todos los hechos conocidos sobre aquel secuestro sucedieron en territorio italiano.

La pista sexual

Una de las teoría sobre la desaparición la formuló Gabriele Amorth, considerado el jefe mundial de los exorcistas. En el 2012 explicó al diario ‘La Stampa’: «Tal como ha declarado monseñor Simeone Duca, archivista vaticano, se organizaban fiestas en las que estaba implicado como ‘reclutador de chicas’ un gendarme vaticano”.  Sus explicaciones coinciden con una carta anónima recibida por la madre de la chica, en la que se afirma que su hija fue raptada en una trampa organizada en la iglesia de Sant’Apollinare.

Es el templo al lado de la plaza Navona y de la escuela de música, cuya madre superiora, Dolores, ya advertía a las jóvenes de que no se fiasen del rector. «No les dejaba ir a misa en la iglesia o cantar en el coro», dijo la madre.

La tumba de un criminal en la iglesia

Pietro Vergari, exrector de Sant’Apollinare, ya estaba jubilado y fue investigado por los magistrados de Roma. Un anónimo había llamado al programa ¿Quién le ha visto?, de la RAI. “Si queréis saber más sobre Emanuela Orlandi, echad una ojeada en la tumba de De Pedis”. Sabrina Minardi, amante de De Pedis, había declarado ante el magistrado que su pareja secuestró materialmente a la chica.

Renato De Pedis, ‘Renatino’ para los amigos, era el cabecilla de la Banda de la Magliana, un barrio de Roma. Murió acribillado en febrero de 1990 y enterrado en la basílica de Sant’Apollinare. Además de ser un criminal, De Pedis era también, según el rector, un gran benefactor de aquella iglesia-colegio, de donde habían salido varios Papas y teólogos ilustres.

El resultado de abrir la tumba fue negativo. De Pedis descansaba dentro de tres sarcófagos y a su alrrededor había cajitas de huesos de todos los siglos. De Emanuela, ni rastro.

«Las inspecciones y registros tienen  que ser por sorpresa porque si alguien ha querido que desaparecieran los rastros, tuvo todo el tiempo del mundo», criticó el magistrado Giovanni Malerba, que se había ocupado del secuestro. Pietro, hermano de Emmanuela, afirmó: “La sepultura del cabecilla en un lugar destinado a papas y cardenales es el verdadero nudo del enrredo entre Iglesia, Estado y criminales que se ha llevado a mi hermana”.

El testigo dudoso que sabía demasiado

Matteo Fassoni Acceti  declaró ante las justicia  por voluntad propia. «Participé en el secuestro de Emanuela, yo era uno de los telefonistas», dijo. Como prueba, devolvió la flauta de través que Emanuela llevaba el día de su desaparición. Tras horas y horas de interrogatorio, dijo al fiscal adjunto, Giancarlo Capaldo: «El secuestro de la chica fue organizado por el núcleo de inteligencia (servicios secretos) del que yo formaba parte para ejercer presiones sobre la Santa Sede».

Un telefonista declaró que el secuestro fue organizado por un núcleo de espionaje en el Vaticano y aportó la flauta de Emanuela como prueba

 Según sus declaraciones, todo el caso tenía que ver con el atentado contra Juan Pablo II (1981), mientras que la desaparición de la chica había sido preparada antes de 1983. Añadió que Emmanuela estuvo en Roma hasta el final de aquel año, que habló muchas veces con ella, que después fue trasladada a la periferia de París, que no sabía dónde podía estar y que «no sufrió ninguna violencia».

Pietro, hermano de la desaparecida, ha escrito el libro ‘Mi hermana Emanuela’, junto con el periodista Fabrizio Peronaci, que sobre el locuaz testigo: «Por primera vez un personaje revela la existencia de “un nucleo de inteligencia y contraespionaje” que actúa en el Vaticano y que nació tras la elección del polaco Karol Wojtyla. Núcleo que habría servido para realizar “trabajos sucios”, incluso por cuenta de personalidades eclesiásticas, en el que habrían confluido servicios secretos y criminales de la banda de la Magliana.

Entre sus objetivos figuraría figura el de ejercer presiones sobre el IOR o banco del Papa (en aquellos años estaba a mercded del Banco Ambrosiano, dirigido por Roberto Calvi, que sería hallado muerto debajo de un puente del Támesis, en Londres) y también para realizar presiones sobre la política declaradamente anticomunista de Karol Wojtyla, que los fautores vaticanos de la apertura al Este del Vaticano –la llamada ‘ostpolitk’- no aceptaban.

Una línea telefónica expresa

Tras el secuestro de  Orlandi, los telefonistas-intermediarios, que fueron más de uno, solicitaron al Vaticano una línea protegida y un código de identificación, el 158 (5 por mayo y 81 por el año del atentado al Papa, según interpretaron los especialistas). Al otro lado de las llamadas de los secuestradores estaba Agostino Casaroli, el Secretario de Estado en persona. Las 16 conversaciones fueron grabadas y Pietro Orlandi pide ahora Francisco que las haga publicas. La magistratura italiana no ha podido escucharlas nunca.

Ali Agcá disparó contra el Papa el dia 13 de mayo de 1981, en plena plaza de San Pedro. Por el atentado fueron inculpados los servicios secretos búlgaros. Según ‘La Pista’ de la periodista Claire Sterling, que usa fuentes de la CIA, los búlgaros habrían actuado por cuenta del KGB soviético. Es decir, el atentado contra Juan Pablo II habría sido organizado por Moscú. Pero lo que desde el principio despistó a los investigadores fue otra cuestión: los “lobos grises” turcos habían sido formados y entrenados por un exembajador estadounidense. Eran de extrema derecha. 

Mientras cumplía prisión en Roma, un día Agca fue llevado a la comisaría central y le dieron tiempo para que declarase en público que sabía donde estaba Emanuela. Ambos no se conocían. Por lo que si el terrorista y la chica tenían algo que ver, pareció más bien que fue a través de quienes estaban detrás de ambos asuntos. Según Matteo Fassoni, el precio a pagar por el «intercambio de prisioneros» habría sido que Agca exculpase a los búlgaros del atentado papal.

Mientas, al Vaticano y a la familia Orlandi llegaban cartas de todas las direcciones. Una de ellas, desde Boston (EEUU), daba un plazo para llegar a un acuerdo (Agcá a cambio de Emanuela) hasta mayo de 1984. 

Era el mismo mes en el que los acreedores del IOR esperaban 400 millones de dólares del Vaticano. Era el dinero perdido por el tándem Roberto Calvi-Paul Marcinkus, respectivamente presidentes del Banco Ambrosiano y del IOR, y que los acreedores –entre ellos Cosa Nostra, la mafia de Sicilia- revindicaban. Pagarles o no fue objeto de una encarnizada lucha entre el Papa polaco y sus jerarquías inferiores.

Emanuela está viva y muerta

«Afirmar que Emanuela ha desaparecido es un insulto a todos los italianos», afirma Luis Miguel Rocha, escritor portugués, que en un simposio llamado “Tabularasa” y celebrado en Reggio Calabria, en el sur, ha dicho que se ha visto con ella. «En sus ojos he percibido la angustia de un alma que ha vivido una existencia terrible», ha explicado. «Dirán que estoy loco, pero ya estoy vacunado, estoy seguro de cuanto digo».

Otro personaje que aseguró que Emanuela estaba viva es Maurizio Giorgetti, con años de cárcel sobre sus espaldas, joyería en Saint Moritz  y financiador de la extrema derecha. «Está con vida y se encuentra entre Grecia y Turquía, en un pueblo llamado Kastoria», declaró al diario ‘Il Mattino’ (Nápoles).  Ha asegurado que dispone de toda la documentacion en Suiza. 

«Emanuela Orlandi está muerta, pero el caso de su desaparición podría resolverse”. Lo dijo el magistrado Giancarlo Capaldo, que llevaba el caso, cuando se cumplían los 30 años de la desaparición de la joven. «Sobre Emanuela se ha dicho de todo y más, falta solo que saquen a relucir a los marcianos», afirma ahora la abogada de la familia, Laura Sgrò. «Maldito sea quien sabe y no habla», añade desde su vivienda en el Vaticano la madre de Emanuela, en la que debe ser la primera palabrota de su vida.

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